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La vulnerabilidad femenina frente al VIH en América Latina

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La vulnerabilidad femenina frente al VIH en América Latina

Parte 2

 

Drogas inyectables en la frontera norte

El abuso de drogas inyectadas como vía de transmisión del VIH es importante en la zona del cono sur y Brasil, mientras que para el resto de la región esto representa un pro­blema focal como es la situación de la frontera norte de México. Las ciudades de Tijuana y Ciudad Juárez son re­conocidas como un foco de alarma para este problema ya que son lugares con un creciente uso de drogas inyecta­das y en donde algunas personas se quedan sólo por la disponibilidad de drogas al no poder cruzar la frontera o ser deportados de los Estados Unidos. La sola deportación se ha asociado con un riesgo mayor de uso compartido de drogas inyectables (10). Estas ciudades tienen las po­blaciones de adictos a drogas inyectadas más grandes de México, y en estas, el sexo comercial está ligado al abu­so de drogas (11,12). La prevalencia de VIH en trabajado­ras sexuales (TS) es mayor que en el resto de México al­canzando el 6% en TS que usan drogas inyectadas. El im­pacto de programas de prevención de la transmisión del VIH en ellas es significativamente menor que en TS que no abusan de drogas inyectables. En estas áreas el abu­so de drogas inyectables juega un papel importante en la transmisión de VIH a las mujeres sea como usuarias o como parejas de usuarios (13,14).

Servicios uniformados y mujeres

Las mujeres insertas en los diferentes servicios uniforma­dos se enfrentan a situaciones particulares de desigual­dad que incrementan su vulnerabilidad frente al VIH y las enfermedades de transmisión sexual. Las mujeres en es­tos servicios, aunque integradas en la línea militar, están excluidas de la toma de decisiones y muchas veces vién­dose involucradas en situaciones de acoso sexual y que en cuyo caso de atreverse a presentar una denuncia, su­fren represalias como la discriminación, la exclusión de ascensos o cambio de adscripción.

La preocupación del tema del VIH en servicios uniforma­dos no es nueva. Existen esfuerzos regionales que datan desde 1995 (15) en la creación del Comité de Prevención y Control del VIH/sida/ITS en las Fuerzas Armadas y Poli­ciales de Latinoamérica y el Caribe (COPRECOS-LAC), pre­sidencia se encuentra actualmente en la República Domi­nicana y la misión con la que fue fundado es “prevenir y controlar la infección del VIH/sida y las ITS, así como pro­mover la salud sexual en las instituciones militares y po­liciales de Latinoamérica y el Caribe realizando acciones de capacitación, información, educación y comunicación, que fomenten el cambio de actitudes y comportamientos hacia estilos de vida saludables”.

No todos los países de la región han creado su COPRE­COS a nivel país, por lo que replicar este programa pre­ventivo representa un reto para la región, de manera que toda la población uniformada tenga acceso a información y se promuevan en ellos una cultura de la prevención del VIH. El trabajo de este sector social está tan cercanamen­te ligado a toda la población, que esta estrategia de sec­tor augura tener un impacto positivo en la lucha contra esta epidemia.

 

Violencia

La violencia ha vivido siempre junto al hombre aunque algunas sociedades tiendan a desalentarla en la actuali­dad. Lamentablemente factores prevalentes como las des­igualdades sociales y de género, la violencia como diver­sión y la pérdida de valores sociales y familiares siguen fomentando la violencia en muchos de los países. Millo­nes de personas mueren cada año a causa de diferentes formas de violencia. En muchos países es una de las pri­meras causas de muerte en los grupos de 15 a 44 años (16). El dolor, el daño o el miedo que la violencia directa­mente produce a la humanidad son incalculables. De ma­nera paradójica, la violencia forma parte de la cultura es­condiéndose en tradiciones en cualquiera de los sectores sociales y es fuente de diversión para millones, que fren­te a las pantallas de cine o televisión ven morir, sufrir y padecer a miles de seres humanos todos los tipos de vio­lencia imaginables.

Conductas abiertamente agresivas y violentas contra las mujeres son vistas como normales en muchas socieda­des, esperando de ellas una actitud sumisa, de obedien­cia y subordinación, dejándola en total indefensa frente a éste rol. Por ende, no es esperable que en este escenario la mujer pueda pedir ni negociar el uso del condón aun sabiendo a la pareja infectada.

Una realidad en muchos países de América Latina es la que las mujeres son infectadas por sus parejas estables, en su propia casa, desconociendo el estado de salud de su pareja e inclusive sus preferencias sexuales. Es cono­cido también el hecho de la sub identificación de hom­bres que tienen sexo con otros hombres fuera del hogar, y que en ocasiones bajo los efectos del alcohol y/u otras drogas han favorecido su “no protección”. Una doble vida y el abuso de sustancias producen actitudes de violencia y explosividad y que en muchas ocasiones se vuelcan con­tra sus parejas mujeres. En estas condiciones, las posi­bilidades de que las mujeres se protejan son casi inexis­tentes, esto hace que la prevención del VIH en este esce­nario sea particularmente difícil. Por otra parte, la mujer, ya sabiéndose infectada guarda silencio por el miedo a la discriminación, el estigma y al abandono de su pareja, en ocasiones, siendo esto también, causa de no acudir opor­tunamente a los servicios de salud y a la no utilización del condón en el futuro.

Abuso sexual

La violencia y el abuso sexual exponen a las víctimas di­rectamente al riesgo de quedar infectadas. La relación se­xual forzada o con violencia incrementa el riesgo de trans­misión del VIH, ya que en estas condiciones se producen abrasiones y heridas en las paredes de la vagina o recto facilitando la entrada del virus (17). El número de perso­nas infectadas por VIH a consecuencia de una violación sexual es desconocido, no existen cifras, ya que muchas veces las víctimas no denuncian por miedo y falta de apo­yo social y familiar, aunque tampoco ha habido un interés importante para estudiar este problema y por ende estra­tegias para prevenirlo.

En un estudio realizado en 66 pacientes con VIH, en Méxi­co se encontró que el 7% de los entrevistados (18) habían sufrido violación y que ésta había sido la vía de infección del VIH. Se sabe que el uso de medicamentos antirretrovi­rales de forma preventiva después de la exposición al VIH en los trabajadores de la salud que sufren accidentes con material corto punzante, y en los niños nacidos de muje­res infectadas (conocido como profilaxis post - exposición) ha mostrado ser útil en disminuir el riesgo de infección a más del 80% (19). De ahí que a pesar de que información científica sobre la utilidad de la terapia preventiva poste­rior a una violación sexual sea escasa, es una acción pre­ventiva de la transmisión del VIH recomendado por mu­chas organizaciones (20,21). En víctimas de violencia se­xual las recomendaciones actuales, orientan a ofrecer tra­tamiento antirretroviral post-exposición además de la con­sejería y apoyo psicológico (22,23). Los programas de pre­vención de la transmisión del VIH a víctimas de violencia no están suficientemente extendidos en la región. Es ne­cesario trabajar conjuntamente con los ministerios públi­cos y tener disponibilidad rápida de antirretrovirales para disminuir el riesgo de infección de las víctimas.

Población indígena

A excepción de Uruguay, todos los países de América La­tina tienen población indígena (24). Se estimaba que exis­tían 42 millones de indígenas agrupados en 400 etnias re­presentando el 10% del total de la población de la región (25). En esta población se concentran la pobreza, discri­minación, la falta de servicios sanitarios básicos y el ac­ceso a los servicios de atención a la salud. En una revi­sión de los estudios científicos publicados en el tema de la salud en población indígena de América Latina (26), de casi 700 publicaciones, el tema de salud de la muje­res sólo representaba el 6,2% de los artículos y el tema de salud reproductiva tan solo el 1,6%. La ausencia de estudios que señalen los factores que impactan en la di­seminación de la epidemia del VIH entre las comunida­des indígenas es reflejo de la marginalidad en que viven y el desinterés de científicos y políticos de los diferentes países en el tema de etnias.

Tenemos que reconocer que las barreras de comunicación que dificultan el acceso a la información y el conocimien­to del VIH y su prevención han permitido la extensión del VIH en la población indígena de la región y donde las mu­jeres son aun más vulnerables por los usos y costumbres. Se requieren acciones de prevención, atención y sensibili­zación en este sector de la población con un “enfoque in­tercultural y de equidad de género”. De no ser así, las con­diciones de extrema pobreza, discriminación, marginali­dad y pobreza extrema prevalentes entre los grupos indí­genas de la región, pronostican que la epidemia crecerá aceleradamente entre estos grupo impactando de forma aun mayor a las mujeres.

 

 

La educación y prevención del VIH

En la lucha contra la epidemia, que hoy crece en forma más rápida que en el pasado, en las mujeres es indispen­sable estructurar sistemas educativos preparados para brindar información relevante que permitan incidir sobre roles genéricos; la modificación de actitudes; el respeto a terceras personas; prevenir las diferentes formas de vio­lencia, estigma y discriminación; y habilitar a las perso­nas para que tomen decisiones libres y responsables so­bre su sexualidad, su salud y su proyecto de vida como personas y como miembros de una familia.

En mujeres de grupos sociales con mayor grado de vul­nerabilidad resulta una herramienta útil el aprendizaje de un oficio o carrera que les permita acceder a un empleo remunerado otorgándole opciones laborales e indepen­dencia para tomar decisiones.

La educación sexual debe permitir a la mujer desde jo­ven entender su cuerpo, conocer los cambios que sufre, las emociones y necesidades que le surgen, pero además debe permitirles identificar las intenciones del otro, mane­jándolas y protegiéndose, decidiéndose con quién, cuándo y cómo iniciar o conducir su sexualidad. La educación se­xual es una herramienta indispensable en la lucha contra el VIH y que ha demostrado que no acelera el inicio de la vida sexual, reduciendo además el número de embarazos no deseados y empoderando a las mujeres en la preven­ción del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.

La atención de mujeres con VIH

La epidemia del VIH/sida continua extendiéndose en todo el mundo, particularmente en los países más pobres y las poblaciones más desprotegidas, y a pesar de los avances desarrollados en el área de prevención, particularmente en la de transmisión madre-hijo, no se ha logrado exten­der su cobertura para que el nacer sin VIH, sea un dere­cho universal. En el 2005, sólo el 11% de las mujeres em­barazadas con VIH tuvieron acceso a la prueba de detec­ción y consejería y a la profilaxis antirretroviral (27). En el 2007 esta transmisión fue causa de una de seis nuevas in­fecciones de VIH en el mundo (28). El interés en estable­cer programas de prevención madre-hijo ha sido muy he­terogéneo entre los países de la región. En algunos se ha alcanzado el acceso universal a la prueba de detección de todas las mujeres embarazadas y en otros países es prác­ticamente inexistente.

La atención médica de la mujeres infectadas con VIH debe estar estructurada de manera integral, tratando no sólo los tema inherentes al manejo antirretroviral, sino debe igualmente contemplar el manejo de la salud reproduc­tiva, prevención de embarazos no deseados, detección oportuna de lesiones pre - malignas o malignas relacio­nadas con la coinfección por el virus del papiloma huma­no (VPH) a nivel del cuello de útero, etc. En la región se encuentran países que tienen las prevalencias más altas de infección por VPH y cáncer cérvico-uterino en el mun­do, de ahí la importancia de tener programas de detección oportuna de de cáncer cérvico-uterino en mujeres infec­tadas con VIH (29,30). La prevalencia de coinfección VIH-VPH, particularmente alta y con subtipos de alto riesgo, ha sido descrito en mujeres infectadas con VIH en Méxi­co (31). Los servicios de atención deben ser de calidad, entendidos como apropiados para las necesidades y de­mandas de las usuarias, con personal calificado, accesi­bles geográfica y económicamente, y que brinden aten­ción de manera integral e integrada.

Conclusiones

El futuro plantea grandes retos para detener el crecimien­to de la epidemia de VIH en las mujeres y el daño produ­cido a estas, poniendo en el escenario cuentas del pasado que tienen que ser saldadas desde los determinantes de servicios de salud, económicos, políticos y sociales. Los avances en el conocimiento científico y los adelantos téc­nicos, deben traducirse en beneficios sociales, y esto sólo es posible cuando se transforman en políticas públicas que impliquen la asignación de recursos en áreas prioritarias.

Por heterogéneos que sean los países de la región, com­parten valores, problemáticas sociales y formas de con­vivencia comunes para las mujeres que han hecho que la epidemia de VIH sea hoy uno de los problemas de salud más importantes de este sector de la población en Amé­rica Latina. Para combatir y prevenir sus daños se ha he­cho tarde y por ello es necesario redoblar esfuerzos para impedir que siga creciendo y empeñe aun más el futuro de nuestras sociedades.

Sin duda, se necesitan estrategias urgentes que reduz­can las desigualdades de género si se quiere detener la epidemia de VIH creciente entre las mujeres. En el as­pecto jurídico, por ejemplo, es necesario dictar leyes que protejan a las mujeres, particularmente del estig­ma y discriminación que experimentan las mujeres con VIH, además de leyes que preserven su patrimonio, su derecho al trabajo y su derecho de ser madres y de cui­dar a sus hijos.

La agenda para combatir la transmisión del VIH debe te­ner un lugar primordial en los diferentes escenarios de nuestras sociedades, educar a sus miembros de todos los rangos de edades: en el trabajo, en la escuela, en el seno de la familia, en los medios masivos de comunica­ción, en la prensa, etc., con el fin de tener una sociedad más informada que fomente la tolerancia, el respeto y promueva formas de convivencia pacífica.

Agradecimientos

Las autoras agradecen al Dr. Mauricio Hernández Avila por su apoyo en la elaboración de este documento.

 

Referencias

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