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El amor se reconoce por el olfato

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El amor se reconoce por el olfato

 


Esta ha sido la línea de investigación a lo largo de 20 años de la doctora Gilda Flores Rosales, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cuando una célula es capaz de enviar una señal y modificar el comportamiento o la función de otra cercana o muy lejana se reconoce como comunicación celular. Así, una de ellas emite una sustancia al medio y ésta viaja hasta llegar a otra célula donde encuentra un receptor capaz de reconocerla químicamente entre muchísimas otras. Una vez que la señal ha sido recibida se sintetiza otra sustancia llamada segundo mensajero, que desata la cascada de reacciones al interior.

Si bien se reconoce que el mecanismo de comunicación celular está en cualquier función orgánica, su estudio por parte de la doctora Gilda Flores Rosales permite una explicación bioquímica del enamoramiento en los seres humanos.

El hombre y la mujer segregan feromonas, sustancias químicas que se producen en axilas y entrepiernas, las cuales estimulan el deseo sexual, y que (por medio del olfato) son percibidas a través del órgano vomeronasal, ubicado en la nariz.

La investigadora de la UNAM explica que las relaciones humanas se basan en cómo se comunican las células de los individuos. Es así que las feromonas pueden o no ser percibidas, y si son reconocidas por el órgano vomeronasal se vendrá una cascada de reacciones químicas y emociones.

“En los animales con el apareamiento se cumple con una de las leyes de la naturaleza que es la reproducción; a través de las feromonas que ingresan por la nariz, la hembra selecciona al macho con lo mejores genes para la cópula. En los humanos, el olfato es el sentido que se usa desde el vientre materno, de manera que los bebés al nacer no oyen bien, no ven nada, no tienen gusto y su tacto no es fino, y al sentirse inquietos pueden reconocer a la madre a través de su aroma y recuperar la calma”, detalla Flores Rosales.

Entonces, lo que románticamente se conoce como el “flechazo de Cupido” en una relación de dos personas tiene una explicación bioquímica: el órgano vomeronasal detecta a la feromona y envía una señal al tálamo, el cual indica que se produzca feniletilamina (neurotransmisor de efecto estimulante), y con ello se inicia una cascada de químicos y emociones; el cerebro también genera otras sustancias que inciden en el comportamiento, como norepinefrina, dopamina, oxitocina, serotonina, endofinas y más.

En la medida en que la cadena empieza a accionar, la persona suda, se entorpece el habla y el equilibrio, falta el oxígeno en la respiración, se acelera el ritmo cardiaco al grado que puede llegar a oírse, de ahí que se diga que es una sensación en el corazón; por si fuera poco, la visión se nubla, se afecta el oído momentáneamente, se activa el sistema digestivo y se sienten “mariposas en el estómago”. Esto es lo que mucha gente explica como el enamoramiento.

“Se requiere una distancia máxima de 50 metros para enamorarse”, de acuerdo a la científica de la UNAM; no obstante, agrega que el sistema biológico en los humanos entra en conflicto por acción de la parte gris del cerebro, que es donde se realiza el aprendizaje de las cosas, así como el juicio y el razonamiento. El efecto en lo que se sintió momentos antes empieza a ser pensado y de ahí se derivan todo tipo de decisiones que pueden marcar el rumbo de la pareja.

Ahora bien, cabe destacar que la atracción bioquímica se agota, es decir, dura entre cuatro y siete años, lo que se puede interpretar como el lapso de vida de la pasión en la pareja.

La doctora Gilda Flores indica que se han encontrado 48 feromonas en humanos, y que cada persona puede tener una mezclar de ellas, lo cual nos hace diferentes.

 

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